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No eran las armas, Pablo Félix Jiménez

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 No eran las armas. © Pablo Félix Jiménez. 2020. Argentina. Enredado en la época, como muchos estaba. Fusil en mano, la mente fría, adversario en espejos, diatribas. Enredado en pasiones, como a muchos la sangre, corazón palpitando, nublada mente. Adversarios, reflejos, ciegos a muerte. Nadie sabe quién encendió. Nadie estima lo sucedido. Nadie quiere el corazón detenido. Nadie escapa a la época vencido. Muchos dirán, mal de época. Muchos lloran, la caída. Muchos dicen, merecía. Muchos recelan, todavía. Nadie juzgue a uno a otros. Nadie tire el primer plomo. Nadie acalle estar libre todo. Nadie peque el agua, el no bebo. Paños frescos sobre la herida. Curar la pasión con la blanca bandera. Las cosas de antes allí quedan. Con los sueños trinos por las cordilleras. En esta época que te evocó, con parecidos anhelos de justicia. Con tristeza, con un nudo en la garganta. Que cosa distinta sería, sería, sería. Si los hombres frente a frente, en caleidoscopio de sentimientos dijesen: No e...

La historia, Pablo Feliz Jiménez

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La historia . Que la historia la escriban los que ganan, que la razón es imperio de la fuerza, que desde que el mundo es mundo, los versos más bellos, fueron de sangre. Que los hechos lo divulguen los triunfalistas, que lo justo es legión del estallido, que desde que el paraíso se ha perdido, los versos más hermosos fueron a costa del olvido. Que la narración verdadera de los hechos se publiquen, que las letras la explican los gobiernos en letras grandes, que desde que la libertad resulto ser libre, los versos más sublimes, fueron de esos nervios detenidos. La historia, la otra, la más sabida, la otra, la más sufrida, la otra, la más amada, es fuego, es humo, es nada. Que la historia la escriban los que ganan, que la razón es imperio de la fuerza, que desde que el mundo fue mundo, los versos, los tuyos, son de sangre. Que los hechos lo acomodes en el campo, que las penas son municiones de batalla, que desde que encendiste las mechas, los versos más luminosos fueron labrados en campos s...

Nacimos viejos, Pablo Félix Jiménez, 2019

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Nacimos viejos. © Pablo Félix Jiménez 2019 Nacimos viejos. ¿Será por eso, qué nos sentimos niños? Como un río. De vida, sin cauce. Entre las quebradas del destino. Nacimos viejos. Jóvenes fuimos, Como niños asombrados. Ante las aves. Ante las plantas. Ante las aguas plateadas que pasan. Ante tu prójimo. Ante tu amor. Ante tus hijos que también pasan. ¿Qué es el presente? Dile alborada. Di a toda vida esperada. ¿Qué es el pasado? Dile terruño. Di a todo lo aún añorado. Y a los sueños dile. Si en un peñón te paras. Con el corazón acompasado. Qué nacimos viejos. Al soñar con alas. Sin norte, sin tiempo. Que nacimos viejos. Y al nacer de nuevo. Seremos al fin niños, Ante Dios, quizás… Mañana… Foto de  Ave Calvar Martinez  en  Pexels Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .

Los padres frente a las nuevas tecnologías

A veces los padres y maestros se hacen la pregunta, se llenan de cavilaciones, alrededor de las nuevas tecnologías, que si son buenas, que si podrán enseñarlas cuando cambian tan rápido y que parece que llegan a desconocer, que podemos hacer, etc... Me parece que la Máquina No Debe Detenerse.  La vida es un continuo rescate del hombre en su ocaso por las nuevas generaciones que tendrán también el mismo dilema. No hay vuelta atrás por la sencilla razón de que la naturaleza es un continuo avance hacia el duro perfeccionamiento. Cada pequeño paso hacia adelante deja rezagados, junto a la nostalgia, de lo conocido, el nido de dónde salimos a volar.  La muerte es un horizonte. Una cota. Insoslayable, de no ser por el recurso de la procreación, que nos sobrevive, todo se detendría. Entonces la tarea es contra reloj, es preparar a las nuevas generaciones para endulzar ese primer vuelo hacia ese pequeña porción de cielo temporal que monopolizaran para dar ese otro paso en los...

Desvelo, Pablo Félix Jiménez

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Desvelo  © Pablo Félix Jiménez 2018. Quedó sola la luna,  Redonda, brillante, sobre un cielo incierto. Luna errante,  preñada de vida, taciturna… Quedó sola la luna,  redonda brillante sobre una nube gris. Luna errante,  preñada de ilusiones, esperas… Luna te acompaño,  será posible que nadie se percatara,  nadie levantó la vista, el sol se ha marchado,  y yo de pie al horizonte te sigo adormilado. Quedó sola la luna,  redonda la veo sobre un cielo negro. Luna errante,  qué pena te inquieta, obnubila… Quedó sola la luna,  redonda de gravedad sideral. Luna errante,  qué silencio y frío te condena… Luna quiero acompañarte,  será posible que nadie se percatara,  nadie levantó la vista, nadie fue a tu encuentro,  y yo de pie al horizonte te acompaño adormilado. Luna sola, me detienes. Luna redonda, me conmueves. Luna que lloras, me enloqueces. L...

Pálidas lunas, Pablo Félix Jiménez

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Pálidas lunas. © Pablo Félix Jiménez 2019. La luna pálida ilumina al patio. Una mesa familiar alberga tesoros. Un zorro espino entre la maleza,  mira hacia el patio plateado. Un mantel bordado a medio camino,  Un cesto con pasas de uvas, brillan ennegrecidas, un ovillo de lana blanca se enreda,  y una cartuchera ha quedado vacía. La casa está sola, nadie duerme.  Cada cosa quedó detenida.  La luna pálida ilumina al patio,  el zorro espino se va a las sombras. Una puerta se abre y se cierra,  el viento entra y sale a capricho.  Nadie ha regresado a la casa. Nadie ha sobrevivido...  A la alargada mano... Del tiempo… Foto de  Kaique Rocha  en  Pexels Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .

Ausencia, Pablo Félix Jiménez

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Ausencia. © Pablo Félix Jiménez 2019 Y no volverás como antaño. No habrá aniversarios, ni bodas, ni acontecimiento alguno, ni uno solo.  Silencios que se cuelan, sigilosos, entre el que hacer diario. Y no volverás como siempre. No habrá esa alegría de vernos cara a cara, ni un encuentro, ni un abrazo, ni una sorpresa. Solo el silencio, de aguas estancadas, después de la tormenta. Ausencia, esa palabra vacía y llena, que da hambre y sed. Y, sin embargo, categórica, te mata. Ante ella he bajado los brazos, a veces rendido, sin fe. Y no volverás como antaño. ¡No! Sólo vendrá una, dos, más veces, ese vacío que se abre paso. Ausencia, esa palabra vacía, porque aunque quiero, no volverás algún día... Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional .