La dicha de evocarle
No fue enemigo, no fue desagradable, no fue desleal, no fue una personilla insignificante. Fue una bendición... No hizo una lista larga de reproche, no enumero faltas y tampoco colecciono rencillas. Disimulo el reproche para dar lugar al nacimiento del perdón. Amó y es amado... Ese es mi hermano menor, el amado, aquel que nos vuelve a la memoria de cuando en cuando. Como diciendo: Disculpa si con el recuerdo te hago sufrir, pero verdad que fuimos felices. Yo, como monologando, que tengo la dicha de recordarlo, que en su ausencia aprendí cuanto dependíamos de su presencia... Al contrario, necesito de tus recuerdos, quizás entre nosotros, hagamos fuerza y torzamos los oscuros tentáculos del olvido. Tras un guiño que entiende, Le hacemos un nudo al destino... Se desencadenan los recuerdos, entre el traqueteo del día. Se presentan mientras trabajo, mientras sueño despierto o en una de esas chispas de alegría que quiero compartir. Se cuelan en el caminar, en el cambio que recibo ...