Mi Tío y la imprenta
De pequeño aprendí a apreciar la expresión escrita, el alma trocada en palabras, que los autores nos han legado a trabes de los siglos, a trabes de las distancias, de los idiomas. Aprendí las partes que dan forma a un libro, a curarlos cuando se enfermaban encuadernándolos, a arroparlos para protegerlos forrándolos. Aprendí junto a mis padres a leerlos. Me enseñaron otras posibilidades, otras realidades tan distintas a las que conocía, otros lugares a los que nunca llegaría, y sobre todo, apuntalaron mi advenedizo espíritu literario. Un día, ya lejos, en el pasado, recuerdo que nuestra madre apreciaba, comentaba y nos mostraba un libro impreso en la provincia de Tucumán a 250 Km de Catamarca, donde nos encontrábamos, un libro de tapas plateadas. Ese libro tenía el trabajo de las manos de mi Tío, trocadas en páginas, en tinta, en tapa y contratapa. Inmediatamente, asocié a mi Tío con Gutenberg, ¡Qué lindo oficio!, cuanto debe el mundo a la imprenta, cuanto se debe a Gutenberg el haber...