Todos saben, Pablo Félix Jiménez
Todos saben. © Pablo Félix Jiménez, 2020, Catamarca Argentina. El cortejo partió sin levantar polvareda. Una barahúnda de perros se arrimó al ver tanta gente. La lluvia tenue empezaba a caer. Samuel Reyna el hombre más poderoso del pueblo era llevado al cementerio. Un cuchillo de cuatrero había revuelto sus tripas. Cuando yo tenía unos veinte años, en el pueblo había dos hombres poderosos. Por aquel tiempo aún no se leían revistas de historietas sobre superhéroes que salían a salvar a la gente común de la prepotencia del villano. Me encontraba solo bajo el amparo del poderoso Uriarte, y a cambio cuidaba de sus cabras. Era tan impetuoso entonces, que caí en la red de celos que doña Carmen tejía para hacer enfurecer a Uriarte. Una tarde nos encontró bajo una parra donde terminaba el viñedo. Nos estábamos riendo de algo, sin una buena excusa, cuando nos sorprendió. Uriarte no había visto nada, pero a la noche en la taberna de Rufino, me esperaba. Me hizo saber que me la tenía ...