Sophía o Soldado desconocido

Sophía o soldado desconocido, obra dramática de Pablo Félix Jiménez inspirada en Antígona y la guerra de Malvinas. Una reflexión sobre la memoria, el honor a los muertos, la obediencia debida y el olvido.

Sophía o Soldado desconocido. Imagen generada con ChatGPT 

Sophía

Pablo Félix Jiménez

Versión: 00

Pablo Félix Jiménez. Sophía. Versión 00. Catamarca, Argentina, 2021.

Palabra Clave: Antígona, isla, guerra, obediencia debida, muertos, honrar, soldado, excombatiente.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

Depósito de obra inédita - No musical N°: EX-2021-114933650- -APN-DNDA#MJ

© 2021 Pablo Félix Jiménez.

Introducción

Esta obra, es el primer drama que escribí. Surgió como un trabajo práctico en el contexto del cursado de una Diplomatura en Teoría y Producción Literaria dictada por la Sociedad Argentina de Escritores S.A.D.E. junto a la Universidad Nacional de Villa María.

La idea era usar la hipertextualidad para concebirla. Como hipotexto tuve en mente a Antígona de Sófocles (441 a. C.) y al poema de Borges Juan López y John Ward (1985).

Las ideas que hacen a esta obra son: Antígona, leyes naturales versus leyes estatales, honrar a los muertos, guerra de Malvinas, guerra entre hermanos, Borges (Juan López y John Ward), obediencia debida, amor a la patria, el amor y la entrega de las mujeres.

No he buscado la verosimilitud sino el despliegue de ideales y angustias. Las heridas de la memoria y las otras del olvido o la negación.

Tengo el agrado de presentar a Sophía…


Sophía

© Pablo Félix Jiménez. Catamarca, Argentina, 2021.

Cuadro Preliminar

En una isla. En el campo de batalla, aledaño a la playa, dos barricadas enfrentadas. Un desembarco fallido dejó a un grupo pequeño de efectivos mal pertrechados que improvisaron una barricada cerca de otra inadvertida. Está oscureciendo… A lo lejos se escucha la artillería naval que impacta en las líneas defensivas con intenciones de facilitar el desembarco de tropas. 

Es entonces cuando empieza la lucha de posiciones entre estos dos grupos reducidos, mientras al Este de Puerto Argentino la artillería desmiembra todo lo que encuentra vivo.

Se apagan las luces, se escuchan disparos a la distancia, se enciende las luces del sector de la trinchera donde el Capitán, Abel, y René, están absortos en tareas, ora preparando las armas, ora atendiendo a un herido, etc. Se puede ver un botiquín de primeros auxilios con una cruz roja…

Se enciende una luz azul en segundo plano. Una Silueta de mujer llegando a los treinta años. Parada frente a un montículo de tierra o una cruz. Tira unas flores… Una voz pensamiento femenina (la mujer es sordomuda y por lo tanto sus gestos corporales sobresalen) dice…

Sophía (con afectación): Por si no me recuerdas…

Se apaga la luz azul, Sophía sale de escena.

El capitán y los soldados detienen sus tareas, parece que escucharon la voz femenina (en particular René), miran a donde la voz, está oscuro, se convencen de que es el viento… Cada uno saca algún recuerdo, una foto familiar, la foto de una novia, de una esposa, quizás de una hermana.

Abel está en primer plano escribiendo con dificultad (por el frío) una breve carta que dobla y deposita en el bolsillo de su uniforme.

Se apagan las luces…

Cuadro Primero

Es la tarde.

Abel: Está muerto… Si me matan, Capitán… Aquí tengo la carta para mi esposa. En este bolsillo… Es de Catamarca.

Capitán: (Mirando a lo largo de la barricada) ¡Alguien más ha caído!

René: Si, lamentablemente. El correntino Sosa. (Se produce un largo silencio)

Capitán: ¿Cuántos quedamos?

René: Somos 17, 18 bajas, faltan 3 ¡Señor!

Capitán: Lo cuentas todo. Bien…

Abel: ja, Del otro lado, también tuvieron lo suyo. Números más, números menos.

Capitán: Quedamos 17, resistiremos y hostigaremos al enemigo lo que haga falta. Mantendremos la línea fija hasta nuevas instrucciones.

Se escuchan disparos que impactan sobre los bultos de tierra…

René: Su posición es frágil.

Capitán: Abran fuego, No desperdicien municiones, espero que también sean prudentes, porque si insisten tendremos que usar la artillería que nos costará el pellejo a todos.

Capitán: Hay un cuerpo a unos 400 metros, entre las dos trincheras.

René: ¿Será uno de ellos o de nosotros?

Capitán: ¡Cesen el fuego! No importa de quien sea, nadie querrá ir, ni ellos, ni nosotros.

René: También ceden el fuego. El cuerpo no se mueve.

Abel: Ja, si se detuvieron… También se están preguntando por el cuerpo. Se supone que a nadie se le ocurriría ir solo al matadero.

René: Parece que se quiere levantar.

Capitán: Tus esperanzas juegan. Está muerto, nada sobrevive al fuego cruzado. Nada…

René: Lo que se mueve es una mujer…

Capitán: Déjame ver… Es el viento y la nieve que… Una mujer imposible. 

René: Es una mujer, se agachó donde el cuerpo… Será una isleña…

Capitán: No veo nada, una mujer imposible, que haría una mujer…

René: Pero parecía real, tiene razón, nadie irá, ni uno ni otro, y mucho menos una mujer…

Cuadro segundo

Ya está oscuro, la luna permite ver siluetas.

Abel: Despierta, No te duermas René. Todavía no nos toca.

Capitán: Nos está matando uno por uno, un solo hombre… Quedan pocas provisiones… Espero instrucciones para retroceder o avanzar… Si seguimos a este ritmo se nos terminará el poder de fuego.

Abel: Retirarme nunca, aunque se rindan los cobardes de camisa blanca. Yo me juego hasta el último disparo. 

Capitán: Obedezco órdenes de mis superiores y tú harás lo que yo diga.

Abel: Soy de barrio Capitán, ya son muchos los caídos, no puedo así nomás bajar la cabeza como si nada, mi principal obligación es batir al enemigo. Yo me quedo hasta quemar mi última bala.

René: Las normas son las normas. Cuando esto se acabe, se acabó…

Capitán: (riéndose) Abel, si no fueras el mejor tirador te enviaría al calabozo para que aprendas obediencia debida.

David: ¡Capitán!… Parece que los aviones le dieron a un portaaviones. Tenemos suerte, por un día o dos no tendrán refuerzo. Los barcos se retiran a otra posición.

Capitán: Las instrucciones no cambian. La artillería pesada la usaremos si hacen playa… Los refuerzos.

David: (Mira con los binoculares) y ese ¿quién es?

Abel: ¡¿Quién sabe?!.

David: Si no lo sacan se lo comerán las aves o peor… La corrupción de la pólvora.

René: Ve tú qué te das de oficinista. 

Abel: Déjalo tranquilo al de comunicaciones que quizás declaran el final y no te avisa, ja.

David: Estamos jugados, ellos y nosotros, seremos carne de cañón. Cuando usemos la artillería… ¿Quién reconocerá nuestros cuerpos? ¿Quién nos enterrará?, ¿en una fosa común?

René: No habrá historia, no existiremos si no hay cuerpo, nadie sabrá por qué ganamos y perdemos, nadie vendrá tan lejos a honrarnos siquiera, y si vienen ¿dónde estarán nuestros nombres y huesos? ¿Dónde?…

David: Alguien siempre sobrevive… Si no somos asesinos, si somos patriotas que obedecemos el mandato eterno que rigen a los países y la patria y su historia, si somos unos pequeños gusanos o larvas ante esta brutal máquina de inquina indomable, si no somos meros asesinos, si no nos hemos propuesto esto y si y si luchamos a brazos partidos por algo más que nos impele, si no somos asesinos, sino simples soldados, creo que nuestra gesta va a sobrevivir, aunque sea en un manojo de huesos anónimos… Huesos humanos, al fin y al cabo.

René: Si perdemos la guerra ¿Será más noble hundirse en tierra o pasar por la humillante incomprensión que promoverá la prensa amordazada? Y si la pierden ellos, ¿Borraremos uno a uno sus nombres?… ¿Seremos capaces de tamaña injusticia?

David: Porque hay muchas formas de morir y muchas formas de la muerte en vida. Vivir sin la reciprocidad, la negación perpetua, y el olvido…

René: Quizás nuestro mayor sacrificio sea el olvido, el rotundo olvido o la rotunda nada. Cumplir órdenes, respetar las normas en las buenas como en las malas, ser…

David: René, la memoria es el alma de los pueblos. Tú que te preocupas por el que va a pasar, tú sobrevivirás, y bregarás por nuestra memoria… Superaremos el viejo drama Troyano de Héctor y Aquiles. Esta vez no habrá olvido para nosotros ni para ellos. Aquí nos jugamos el pellejo todos.

Abel les hace señas de que guarden silencio.

Abel: Se van a dar una sorpresa, piensan que no tenemos ningún prismático infrarrojo. Está demasiado tranquilo, se preparan para asaltar.

Capitán: ¿Qué ves?. 

René: (Mira la barricada enemiga con su binocular) A las tres, creo que son cinco.

Capitán: Disparen a discreción, que sepan que los observamos….

(Disparos).

René: Se vuelven como si vieran al Diablo.

(Silenció).

David: Préstame, quiero ver… Alguien nos apunta entre aquellas rocas... ajj#

René: ¡Rápido botiquín!

David: Me muero. Ese hijo… tiene los ojos… Maldición me muero. Ayuda. 

Abel: Sangra demasiado, Tú, olvida ese botiquín, ¿no te das cuenta de que está trabado con hielo? No pierdas tiempo. Trapo, cualquiera.

David: Me muero.

Carlos: Aquí tienes.

Abel: Bien, parece que se detiene.

Carlos: Está muerto.

Capitán: Déjalo ya hijo, está… Muerto.

Capitán: Ahora mírame, ese que está afuera necesita una lección. Mirá tus manos, están frías (Abel se mira las manos ensangrentadas), en ellas estamos más seguros, caliéntalas muchacho y has lo que sabes (El capitán sonríe por algo que está pensando).

Abel y René hablan en voz baja.

René: No lo hagas, es una muerte segura. En cualquier momento termina.

Abel: Nadie más puede, soy el mejor, eres el segundo, sé que esperas el fin de todo esto, pero ¿sabes?… Moriremos hasta entonces. 

René: Nos necesitan a los dos para el avance o la retirada.

Abel: Ayúdame en esta. En la retirada te irás con ellos y yo cuidaré tu espalda, se lo prometí a tu madre y a la Virgen. Pero si muero ahora tomarás mi lugar, obedecerás, y cubrirás a Ferre. Vamos, ánimo, mira mis manos, la sangre ahora me hierve de venganza.

René busca en una bolsa un fusil de cerrojo, monta la mira telescópica, y elige unos cartuchos.

René: Aquí lo tienes, está listo.

Abel comienza a trepar la barricada con intención de salir.

Capitán: A dónde crees que vas. No salgas, no tendrás oportunidad.

Abel: Necesito más altura.

René: Súbete sobre mis hombros.

Abel: Allí está el desgraciado, como que me llamo Abel, que bajo a ese Caín. El cuerpo sigue a medio camino.

René: Dormí 15 minutos.

Abel: Fueron 20.

René: ¿Sabes?, soñé a esa mujer, le llevaba flores al cuerpo…

Abel: ¿Por qué me lo dices ahora?

René: ¿Dónde nos enterrarán?, porque querrán hallarnos.

Capitán: ¡Qué esperas muchacho! Tienes lo que hace falta.

Abel: Que nuestras miradas se crucen. Tranquilo, sobreviviremos. Yo también la vi.

René: Y por qué no mencionaste nada.

Abel: No sé, no sé qué pensé, una mujer aquí… Tengo que cazarte… Una mujer es algo demasiado bueno para ser cierto… ¿Cuánto llevamos en este agujero que nos muerde los pies y las piernas?… Te tengo Caín, creo que lo tengo. No te muevas, no respires.

Dos disparos se escuchan, uno lejos y otro cerca, Abel cae, un proyectil impactó en la frente. René incrédulo, se agarra la cabeza, su rostro empieza a mostrar signos de dolor y tristeza.

René: ¡No! ¡No!

Capitán: Ja ja ja… Ja ja ja…

René: De qué se ríe.

Carlos: Enloquece.

Capitán: Fueron dos disparos. Me juego la vida, este héroe nuestro le dio… Fue valiente como el correntino Sosa, mira el estado de sus botines… Y ninguna queja, se fueron los mejores… Quedarán perplejos por un tiempo… Guarda tus lágrimas que nadie nos llorará, nadie sabe lo que es esto. (Se arrodilla al lado del muerto, saca de un bolsillo la carta) Ahora esta carta es tu responsabilidad y en adelante eres el mejor tirador del grupo. Cuida tus manos.

René: (Recomponiéndose) Lo que ordene mi Capitán.

Cuadro tercero

Finalmente la noche promete ser calma. Ambos bandos deciden descansar… Hay un pacto de honor no dicho entre militares. Entre penumbras el cuerpo es un montículo grisáceo cubierto por copos de nieve. Algo duerme, nadie sabe el misterio de quién vela de quién sueña y de quién es en sueño. El descanso de los vivos y de los muertos se tocan por un delgado hilo de plata lunar.

René sueña. Se enciende una luz azul en segundo plano.

Una mujer, llegando a los treinta años, coloca flores sobre un montículo de tierra. Desde lejos le quiere decir algo, le hace señas, más René no puede escuchar.

René: Que alguien me diga qué dice, tengo hambre de saberlo.

Coro: Es sorda y muda. Es una mujer de la isla. 

René: ¿Qué dice?, algo me dice. Sus labios son como bálsamo y sus flores como promesas.

Coro: Duerme, duerme, no es la hora.

René: Quiero saber quién es. ¿Ese cuerpo bajo tierra es el mío?

Coro: Duerme, duerme, no es la hora.

René: ¿Quién es la que honrando este cuerpo que ha matado en este suelo me perdona?

Coro: Antígona, Sophía, ¡Qué importa!

René: Una mujer que se postra

ante un soldado desconocido.

Lágrimas genuinas como el rocío

posándose sobre el barro negro del olvido,

sobre la tierra labrada para huesos

por arados de hierros tercos de inquina.

Una mujer que se postra, digo

sobre el barro blanco blanco

de la infamia y el destierro en esta vida

como una madre que a su hijo llora

como una planta que sombrea el suelo

a cuya verdad crecen senderos de ensueño.

Una mujer que postrada, digo pletórico de gracia.

Acariciando la memoria de una vida cualquiera

sobre el peso de un olvido forzoso, doble muerte,

nada, nada, Soldado desconocido.

Una mujer así tiene nombre

centurias recuerdan la belleza de tu gesto.

Coro: Centurias recordarán 

si vas a mentir que sea por amor 

Centurias recordarán 

Si la suerte te trae un mañana 

Centurias recordarán 

que la vida es lágrima agridulce.

Somos un mundo con la misma hora impostada

Somos un horizonte que se busca

un cesto con flores verdes amarillas

Campos y soles floreciendo después

que la tormenta moja la desorientada mirada.

Piensa en aquellos que te precedieron

Recupera sus nombres hasta sus miradas

que el rostro perviva ahora y siempre

Antígona, Sophía, que importa

honrarás por siempre a los muertos…

René: ¡Ay!, de mí…

Epílogo

Ha pasado mucho tiempo en la Isla conocida. La herida ha abierto lentamente un campo de honra y memoria. En primer plano, una mujer Isleña sordomuda y delgada lleva flores a una tumba. Es Sophía con más de cuarenta años.

Ante la lápida habla con el difunto con lengua de señas. En la voz diegética (voz pensamiento) se nota un español imperfecto con anglicismos o un inglés perfecto con subtítulos:

Sophia: In case you don't remember me, the war was over, I received you in my house, I fed you and dressed you, you were scared, it was funny to make us understand. You worried about what would happen to me if I was discovered giving you protection. You left in the middle of the frost and I looked for you, I moved influences... Finally, I found you among other bodies piled up, I can not explain how I felt, I did not know your name, but I will always remember that our times were crossed by a breath of God. I always visit you once a week, in case you don't remember. I'll give you these flowers...

Sophía: Por si no me recuerdas, terminaba la guerra, te recibí en mi casa, te di de comer y te vestí, estabas asustado, era gracioso hacernos entender. Te preocupaba el que me pasaría si me descubrían dándote amparo. Te fuiste en plena helada y te busqué, moví influencias… Finalmente te encontré entre otros cuerpos amontonados, no puedo explicarte cómo me sentí, no sabía tu nombre, pero siempre recordaré que nuestros tiempos se cruzaron por un soplo de Dios. Siempre te visito una vez a la semana, por si no te acuerdas. Te dejo estas flores…

Fin.

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